miércoles, 28 de octubre de 2009


Abuela

Y quizás hoy estés a años luz de mi, y ya no escuches mis palabras de ultimo suspiro, ni siquiera veas mis gritos desgarradores y mis lagrimas tantas. Quizás hoy ya no sigas mis pasos, ni esperes mis visitas. Ni siquiera se si hoy, todavía, te acordas de mi. Y aunque me duela no tengo el lujo de una certeza al preguntarme si me escuchas en las noches, si sientes el dolor que siento, o si notas la falta que me haces. Te fuiste un 10 de agosto, me dejaste la pena mas grande con la que ahora creo, voy a tener que convivir el resto de mi vida. Desordenaste mis planes, rearmaste mi futuro y quizás hoy no sepas que a la noche entre lagrimas, suplicios, gritos ahogados pido a Dios que te devuelva a mi lado. Es que sabes que ante el gran miedo que me da tu ausencia corro desesperado hasta tu casa a ver si te encuentro retando a mi abuelo? Y al llegar y ver que en verdad nada de esto es un sueño, me muerdo y aguanto para contener las lagrimas porque se que dañaría a alguien con ellas. Es que a veces notas que ante tu ausencia se han perdido mis fuerzas y mis ganas? Que a pesar, que desde aquel momento en que te alejaron de mi lado, busco alguna razón que me mantenga lejos tuyos, no encuentro ninguna que logre convencerme por completo? Sabes? A veces dormido confundo a mi almohada contigo, y me despierto abrazado a ella, sosteniéndola fuerte para qe nada ni nadie pueda alejarla de mi lado, pero quizás ese fue mi error, quizás no te aferré con todas las fuerzas y te deje descuidada para que te arrebataran de mi lado. Hoy me arrepiento abuela, y espero que cuando te asomes veas las lagrimas que escondo atrás de los ojos, veas mis manos llenas de bronca e impotencia y veas que estoy perdido, destruido, sin fuerzas. Veas que mi mayor deseo es que vuelvas, que me abraces y que juntos veamos la vida pasar. Porque sabes abuela? Creo que si hay una razón por la que abro los ojos todas las mañanas y dejo que mi vida sigua es gracias a la idea de que en algún momento voy a tenerte al lado mío, y ese momento va a ser eterno, y hoy me aferro con todas las pocas fuerzas que me quedan a eso, y es eso lo que me hace seguir. Voy a cerrar los ojos abuela, y voy a esperar como todas las noches, que al despertar sea tu mano la que me sostenga para afrontar un día mas. Y espero que este viaje, no sea muy largo, y que el lugar que has elegido sea hermoso, pero acordate, abuela, que te estoy esperando, y que deseo con ansias tu regreso. No te imaginas la falta que me haces, y lo vacía que tengo el alma sin vos. Te extraño.

Nicolás.

martes, 20 de octubre de 2009


Destrucción de las cosas complejas...

La noche es el momento de la jornada que más odio. Cuando me acuesto a dormir y no logro conciliar el sueño me pongo a pensar, y la verdad es que todas las angustias afloran de lo más interno de mi ser. Cuando estoy con la cabeza en la almohada intentando soñar algo, escapar de la realidad, es cuando aparece la otra cara de la misma, esa parte de la vida real que te hace ver como si todo se derrumbara, como si no hubiera escapatoria alguna. Como dije la hora de dormir es fatal.

Una vez me fui de campamento…realicé un paseo a un bosque, cerca de donde estaba, pero tras recorrer algunos kilómetros por un sendero, observe que aquel ya no era un bosque, eran los simples restos de árboles. Vi, con desilusión, los troncos altos, de lo que antes eran arboledas, pintados de un color carbón, rastro de que hubo fuego. Debo decir que era una triste escena. Todo lo que antes era vida, algo hermosamente natural, todo lo que reflejaba naturaleza, pureza, todo destruido.

Pude imaginar el momento de su destrucción. Imaginé las lenguas de fuego escalando y lamiendo los árboles, matándolos, carbonizándolos, poco a poco. Los animales, inocentes seres, tan inocentes como las plantas, corriendo, desaforados, desesperados, agonizantes, con todos los instintos alertas, y casi sin escapatoria alguna. Me inundó la angustia.

Al llegar a mi casa, y recostarme en mi cama para dormir, me puse a pensar y llegue a una conclusión. Todo lo que requiere de un gran esfuerzo para ser creado, es destruido con algo tan simple como el tirar de un gatillo, o el pulsar de un botón. O algo tan estúpido como un tropiezo o el descuido de un fogón. Todo aquello tan simple, tan inocente, puede provocar la destrucción de cosas muy, muy complejas y puras, cosas tan valiosas como la vida misma.