
El error es olvidar que nuestras MENTIRAS no repercuten solo en nosotros, sino también, en lo demás.
¿Hasta que punto estamos dispuestos a llegar?
¿Salvar mi pellejo o decir la VERDAD?
¿Mentir y evitar el DOLOR o ser honesto y aceptar las consecuencias?
“A veces sucede que no estamos dispuestos a ensuciarnos las manos”.
La VERDAD nunca fue blanca. Todo lo contrario; es de lo más oscura y dolorosa.
La MENTIRA es un placebo, pero no sirve.
Lo correcto es aceptar que hasta de la VERDAD más oscura y dolorosa se puede volver. La VERDAD es la única cura para todos los males del alma. Pero tiene su precio: El DOLOR.
Estamos regidos por el principio del placer. Dicho principio nos guía para evitar el DOLOR.
Si la VERDAD es DOLOR, entonces debe ser ocultada. Por eso mentimos.
Pero la MENTIRA no garantiza PLACER. Por eso no sirve.
La MENTIRA es una serpiente que se muerde su propia cola, engendra más mentiras. Y de seguir este juego fatal, se termina aún más lejos del PLACER.
Es un camino sin salida.
La VERDAD es un peso difícil de llevar, pero no imposible. Requiere sacrificio, coraje, perspectiva a futuro.
La única salida es ir contra el Principio del PLACER.
La VERDAD es sembrar semillas de DOLOR para cosechar el PLACER.
La VERDAD no solo lastima a quien la porta, sino también a quien la recibe.
Es el anterior dilema el que nos hace dudar.
Pero es el único camino.
Decir la VERDAD, aceptar el DOLOR y afrontar las consecuencias es, a mi humilde entender, la única forma de alcanzar la felicidad.
“El único camino a los campos del PLACER, es la Ruta del DOLOR”
“La VERDAD es una escalera. La MENTIRA, un poso sin fondo”


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